Gavilán se sentía solo y triste, pero no por ningún motivo en especial, él siempre había sido así, de mirada triste, melancólica, parecía que vagaba sin rumbo por los lugares, como alma en pena, pero siempre tenía dispuesta una sonrisa para aquel niño que le pedía un simple truco de magia o ayudar al enfermo... Pero este lugar era nuevo y distinto, seguía triste y sin conocer a nadie. Se sentó en un banco y puso la vara sobre sus piernas.
Pensó sobre si algún día desaparecería de su vida aquella pesadumbre y desconsuelo, quizás le faltaba algo en su fuero interno, pero no lo sabía y eso lo entristecía más. Tenía amigos en otras tierras, tenía conocimientos, tal vez... ¿Amor? Si, le faltaba, pero ya no creía en el, demasiados fracasos en ese terreno... No era demasiado agraciado físicamente, además tenía cicatrices de garras en su cara...
Siguió pensando y allí se quedó.