La caravana entró en el bosque para atravesarlo y salir cerca de las montañas nevadas, para allí proseguir hasta nustro destino.
El bosque era un sitio por el que avanzábamos muy lentamente debido a la densa vegetación, los soldados ibamos abriendo un camino con nuestras armas mientras el resto avanzaba tras nosotros trabajosamente. La primera noche acampamos en un claro que encontramos cerca de una colina. Nos dispusimos en un círculo en cuyo centro dormía el redondo comerciante.
Tras mi guardia me dormí con el sabor de los labios de Iria y el olor de su pelo.
Durante el viaje pude conocer mejor a los hombre que defendian la caravana eran unos 60 y su capitán era Hoffan un hombre corpulento y con un ojo parcheado por una pelea con un orco según se decía.
A la semana de estar allí en aquel bosque nos atacaron unos insectos gigantes que despedazaron a diez hombres antes de que pudieramos rechazarlos. El ánimo no estaba muy elevado así que dedicaba mi tiempo libre a tocar un instrumento que conseguí en uno de mis viajes. Era largo y delgado y para tocarlo se usaba una vara de madra con unas cuerdas de cola de callabo que le arrancaban notas agudas, y con él amenizaba los dias y las noches.
Unos dias después del ataque conseguimos salir del bosque, el paisaje que se veia ante nuestros ojos era un enosme valle con el bosque milenario que lo rodeaba con un rio que serpenteaba por él hasta perderse en la base de las montañas nevadas. Bajamos hasta el valle donde acampamos para pasr la noche. Durante la noche los centinelas estaban un poco preocupados porque habían visto llegar un barco por la noche pero como nadie se acercó al campamento no le dieron importancia hasta la mañana siguiente.
Me desperté por la agitación general y descubrí pronto el porqué; el barco de la noche seguía ahí. Era un barco precioso con los extremos que se levantaban. El extremo de popa se enrroscaba y el de proa tenía como mascarón una cabaza de dragón. Pero lo que más inquietaba a todo el mundo era que un hombre enorme se erguía en la proa desde el amanecer si haberse movido. Cuando me fijé más reconocí a Olaf, el gordo de Olaf había provocado todo esto.
-No os preocupeis son amigos mios. Dije para calmar lo ánimos.
-¿Entonces porqué no se acerca? Preguntó el comerciante.
-Son hombres del norte y de donde ellos provienen tiene la costumbre de antes de presentarse darle a los demás tiempo de judgar si son reales o un espejismo por éso está quieto en la proa ese hombre para que judguemos si es real o no. Si no lo creemos real lo dejameros atrás, pero si por el contrario lo judgamos real iremos a verle. Expliqué.
-Vale ve a por tus amigos. Dijo el comerciante.
Me acerqué al barco tranquilamente para darles tiempo a ellos a judgarme real y Olaf se me tiró encima dandome un abrazo y unas palmadas en la espalda que casi me cruje por la mitad.
Empezamos a hablar en la lengua norse, una lengua muy ruda y gutural, nada comparada con la de esa tierras que resa más musical.
Mientras hablábamos salieron del barco Bors, Bron, Benjen, Rickon, Erick, Etralf, Aulon, Lars y Grim. Todos ellos formaban parte de la tribu de Olaf de la que él era el jefe y a petición mia habían venido para vengar la muerte de Freeman a Manos de Grazkull un enorme orco que había aterrado al pueblo de Olaf hasta que le expulsaron de sus tierras y conquistó nusvas tierras que saquear. La noche del reencuantro fue muy emotiva y llena de hidromiel, recuerdos y gritos. Nos vendria bien nuestro próximo reto sería la montaña.