Fue una sorpresa pero casi no me alteré. Me separé de la caravana y le dirigí una mirada mientras me inclinaba sobre el caballo. Tuve que bajar para estar más cómodo pero una vez enfrente de ella me dijo:
-¿Dónde vás? ¿Tan mal te caigo que te marchas?
-No es por ti. Me marcho porque tengo un asunto pendiente que no tiene demora y sin el cual no puedo vivir en paz. No te voy a engañar, no creo que vuelva, no porque no quiera sino porque no pueda.
La mirada de tristeza que me dirijió helaría la sangre de cualquier hombre.
-¿Porqué lo haces? Olvídate del asunto, si te matan no tendrá sentido que hayas hecho el viaje ni que te hayas convertido en un amigo para mí, uno de los pocos que tengo por estas zonas. Hace una pausa y mirándome la cara comprende que intentar hacerme cambiar de parecer sería como mover una montaña. Si te vas al menos déjame algo para recordarte y rezar a los dioses para que vuelvas ¿No?
Hago una mueca y asiento.
-Creo que tengo algo. Meto la mano en mi bolsa y saco un collar con la figura de un dragón enroscado sobre una esfera. Iria se pone a llorar estrechando el collar con las manos. Con un rápido movimiento poso mis labios sobre los suyos. Tiene unos labios carnosos y suaves.
-¿Qué...? Balbucea Iria.
-Te robo un beso, un......amuleto y recuerdo para el viaje. Contesto sonriente.
Antes de que pueda reaccionar me monto sobre Argo y pico espuelas mientras sigo sonriendo como un idiota alejándome. Un beso de mi princesa para iluminarme en la oscuridad de la noche, el regalo perfecto. Pienso mientras me alejo. Dejando a Iria con los ojos llorosos y la lágrimas que corren por su enrojecida cara.